viernes, 15 de julio de 2011

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Seguimos comentando sobre el edificio desde donde se mandaba en Cuba durante casi 40 años antes de que sobreviniera la revolución social de 1959 y que por ser un punto sumamente llamativo dentro del espectro urbanístico habanero, es imposible que pase inadvertido a los ojos de cualquier persona llegada a la isla por primera vez.

La suntuosidad del edificio del hoy Museo de la Revolución, con la manifiesta riqueza de elementos decorativos en sus fachadas se le debe en gran medida a la velada competencia que existió siempre por la primera mitad del siglo pasado entre el gobierno de La Habana y el ejecutivo nacional en cuanto a la funcionabilidad y realce estético de sus instalaciones.

Ya hablamos en el anterior trabajo que el edificio comenzó a construirse para acoger la sede del gobierno de la ciudad y que fue por el capricho de una Primera Dama de la República que pasó a ser casa de gobierno de la nación. Ernesto Asbert era el nombre del gobernador capitalino en la segunda década del siglo pasado, éste al conocer lo que se venía preparando como mansión del ejecutivo en las áreas que hoy ocupa el Capitolio Nacional movió sus fichas para que el edificio de la alcaldía de La Habana no fuera mirado a menos en el futuro. Debían esmerarse los arquitectos del encargo de Asbert pues la sede del poder nacional todo parecía indicar que sería uno de los edificios más bellos de América Latina. Para que tengan una idea a lo que se enfrentaban los diseñadores, les muestro uno de los proyectos presentados para erigir el edificio que acogería al primer mandatario del país y que como les dije hubiera quedado asentado en los terrenos que hoy ocupa el Capitolio , muy cerca del Hotel Saratoga y de la famosa fábrica de tabacos Partagás.

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Hubo, con posterioridad a que se concretara el traspaso de poderes sobre el edificio, que hacerle algunos cambios como la construcción de un cuarto piso que de alguna manera rompe con los patrones de diseño de el resto de la edificación y la sustitución de algunos detalles en la decoración de sus interiores .Por ejemplo: sustituir las iniciales GP (gobierno provincial) por las letras RC (República de Cuba). En el primer piso quedarían ubicadas la mayordomía, la cochera y la sede de la guarnición. En el segundo, las oficinas del presidente, la sala del Consejo de Ministros y el fastuoso Salón de los Espejos, mientras que el tercero era ocupado por las habitaciones privadas del mandatario y su familia. El cuarto nivel solo estaría destinado a locales del servicio de Palacio.

Por regirse dentro de él los destinos del país, el Palacio Presidencial de Cuba ocupa un lugar capital en la historia de la evolución y desarrollo económico-social de la isla. En el ya mencionado Salón de los Espejos prestaban juramento y tomaban posesión de su cargo, cada cuatro años, los presidentes cubanos. El primero en hacerlo fue Alfredo Zayas en 1921 y el último Osvaldo Dorticós Torrado en 1959 , que a propósito sería también el último en ocupar ese cargo en Cuba. Por lo que representaba, si vamos a buscar las personalidades que lo han visitado, encontraremos una larga lista de figuras relevantes de visita en el país y que fueron recibidas por el primer mandatario de turno, desde sus colegas de otras naciones hasta personajes de relevancia en diferentes ordenes. En la copiosa lista aparecen figuras tan disímiles como Winston Churchill , Richard Nixon, el Duque de Windsor, Leopoldo el Rey de Bélgica, Jorge Negrete, Mary Pickord , Libertad Lamarque ,Yuri Gagarin entre otros muchos.

Hemos abundado en detalles históricos relacionados directamente con el Palacio Presidencial, tanto en la anterior como en la presente colaboración con el Blog de Umbrella. Quisiera ahora contarles para terminar una anécdota que si bien es verdad que se relaciona más con los alrededores del edificio que con el Palacio mismo, se refiere directamente al espacio que hoy ocupa el Mausoleo al yate Granma que complementa al Museo de la Revolución. La anécdota habla a las claras sobre la dudosa reputación que tenían entre la población la inmensa mayoría de los inquilinos periódicos del Palacio, es decir los presidentes de Cuba.

En ese enorme espacio de terreno que se ubica junto a la entrada sur del edificio, se inauguró en 1925 un hermosísimo parque con estanques y jardines que llevó el nombre del presidente de la república en ese entonces, Alfredo Zayas. El presidente Zayas develó en el centro del parque su propia estatua el 20 de mayo de ese año, día en que entregaba la Presidencia a Gerardo Machado.

Se dice que no era una estatua del mandatario. Zayas quería dejarla inaugurada a toda costa antes de su salida de la Presidencia y encargó esa estatua que ya estaba hecha anteriormente con otro fin y que tenía cierto parecido con el mandatario.

En ella, el personaje aparecía de pie. Tenía una mano metida en el bolsillo de la chaqueta y con la otra, señalaba el Palacio Presidencial .

La gente decía que Zayas con ese gesto decía:

-Lo que tengo aquí (en el bolsillo) me lo robé de allí.